jueves, 22 de diciembre de 2005

La pereza pide que caiga del cielo

La vasta calma que inunda este calor me esta matando. Más que la contradicción. La desesperación se toma un daiquiri en el sillón de mi comedor y mira a los costados, tranquila. Si las marchas y contramarchas de mis ideas y alucinaciones de futuro pudieran escribirse, serían lo mas parecido a la coreografía de Gene Kelly en Cantando bajo la Lluvia.
Es que he perdido en exactamente 88 dias (89 contando esa minuscula noche) todo contacto con la Tierra. Soy un astronauta sumergido en un gran universo hecho de Domingos a la tarde. Fatídicos Domingos a la tarde, que son el abandono de toda utopía. Nos acicala la buena fortuna, donde la resaca nos pasa factura de los excesos, nos miramos el ombligo con cara seria, y por la ventana vemos, aplastados por el calor, a los niños sin ganas de jugar.

La sed de estrella casi acabada en el fondo de la heladera, ya no resucita las esperanzas de antaño. Han quedado apiladas en un archivador de cartón, de esos que vienen con manija. De los que se ven en los juzgados. Y yo hace tanto que no pronuncio mi nombre. Hace tanto que no lavo mis pieles.

En el vaiven de las reminiscencias, entreveradas las caras que supieron ser nuestras (que supo ser mía), aplasté toda ilusión, y eso hace que no pueda emitir agua por mis ojos. Es un gimoteo que a veces parece forzado. Como el de la falsa tortuga. En algunos momentos pienso que la causa sea creer que todavia estas ahí.

Alguna vez escribi:

Suave murmurar de labios en la tormenta...
suave papillon de seda
la imagen de tu sombra en mi fe...

Ya no existe imagen, la sombra se ha hecho presente en todo su lujo.

Al fin y al cabo, todo, todo esto, no ha sido mas que una invocación a la lluvia. Lo he logrado. A medias. Afuera llueve y diluvia. Adentro no.

1 comentario:

Ramiro dijo...

"En algunos momentos pienso que la causa sea creer que todavia estas ahí."
Muy Lindo Polen...